lunes, 31 de agosto de 2009

Al gozo por la obediencia

Al gozo por la obediencia

La primera reacción al leer este encabezamiento quizás sea de sorpresa: «¿cómo puede la obediencia ser una fuente de alegría?» se preguntará el lector. De siempre el ser humano ha pensado exactamente lo contrario: la libertad sí que es una fuente de gozo, pero la obediencia lleva a la opresión y a la frustración. Estamos, por tanto, ante una de aquellas gloriosas paradojas del Evangelio que contradicen la mente natural para mostrarnos la profundidad del poder transformador del amor de Cristo.

Obediencia de corazón y obediencia por obligación

El amor de Cristo es la clave de nuestro tema y la explicación a esta paradoja. «El amor de Cristo nos constriñe» (2 Co. 5:14-15). El motivo por el cual obedecemos va a determinar nuestras actitudes y nuestros sentimientos. La obediencia del creyente nace como respuesta natural al inmenso amor del Señor Jesús. No es, por tanto, una obediencia impuesta a la que uno se somete porque no hay otro remedio, sino una obediencia voluntaria que emana del amor. Cuando uno ama, busca agradar en todo a la persona amada; así lo vemos en la relación de matrimonio. El apóstol Pablo se refirió a esta actitud precisamente como una obediencia de corazón: «...habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados» (Ro. 6:17). La obediencia que sale del corazón es voluntaria y produce un gran gozo porque se basa en el amor. Por el contrario, hay una obediencia que no sale del corazón porque no ama a su destinatario y genera un pesado sentido de sumisión y hasta de amargura. Éste es el problema del legalismo en el que puede caer el creyente cuando su fe es una religión pero no una relación de amor.

Aquí estamos ante uno de los aspectos más singulares del Evangelio: Dios no obliga a nadie a creer. Siguiendo con la ilustración del amor conyugal, Cristo no nos fuerza, sino que nos seduce con su amor. Tal fue la experiencia de Jeremías cuando obedeció al llamamiento divino y lo describió con estas hermosas palabras: «Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo y me venciste» (Jer. 20:7). Por esta razón, Pablo -y todo creyente puede hacer lo mismo- se congratula de llamarse siervo -esclavo- de Jesucristo: es una obediencia que genera gozo porque ama a su Señor.

El gozo: por qué y dónde encontrarlo

El gozo es un sentimiento al que todos los seres humanos aspiramos, a la par que rehuimos su antónimo: la tristeza. No es casualidad que el himno oficial de la Unión Europea sea el «Himno a la alegría», fragmento de la novena sinfonía de Beethoven quien puso música a un hermoso poema de Schiller (Oda a la alegría). Todos nacemos ya con la necesidad de gozarnos. ¿Por qué? Ello es una consecuencia de la imagen de Dios en el hombre. Nuestro Creador es capaz de experimentar tanto el gozo como la tristeza y fue su voluntad que los seres humanos disfrutaran también de este sentimiento. La capacidad para sentir alegría es un recuerdo del sello divino sobre nuestra personalidad. De hecho, los animales no pueden alegrarse de la misma forma que el ser humano.

En numerosas ocasiones la Palabra de Dios nos exhorta al gozo y la alegría. Se nos invita a «gozar de la vida, de la esposa», etc. Tanto los Salmos como los llamados libros sapienciales (Proverbios, Eclesiastés) están repletos de alusiones a la alegría. Y también en el Nuevo Testamento, como veremos, este sentimiento forma parte de la experiencia del cristiano hasta el punto de que el gozo es un elemento esencial del fruto del Espíritu. Cristo vino para darnos no una vida mediocre, vacía o triste sino una «vida en abundancia» (Jn. 10:10). De la misma forma el Padre «nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (1 Ti. 6:17).

¿Dónde encontrar el gozo? Todos buscamos las fuentes de satisfacción en los más diversos campos de la actividad humana: culturales, políticos, religiosos. Así procuramos llenar nuestro tiempo de ocio con eventos a los que asistimos de modo activo o pasivo, como actores o como meros espectadores.

Sucede, sin embargo, que estas fuentes de alegría con frecuencia están secas o proporcionan una satisfacción muy efímera, por lo que se convierten en causa de desilusión, aburrimiento, y en no pocos casos en tedio y tristeza. Por tal razón, muchas personas ven en este mundo tan sólo un valle de lágrimas, en el que todo carece de sentido. ¡Todo es vanidad! como consideramos en los meses anteriores. Ese es el motivo por el que multitud de personas caen en el más deprimente pesimismo. Muchos hoy se preguntan: ¿hay motivos para la esperanza?. Un sí rotundo es la respuesta de los cristianos que se toman en serio las enseñanzas del Señor Jesucristo. Su certeza nace de creer y experimentar en su propia vida que Cristo es un manantial de donde fluye un gozo supremo.

Las palabras de Cristo, fuente de gozo y poder

Uno de los rasgos más llamativos de la persona de Jesús es su humanidad. El apóstol Juan, que compartió con el Maestro horas de honda amistad, recogió de él enseñanzas preciosas que ponen al descubierto una de las facetas más radiantes de su carácter: su amor. «Nadie tiene mayor amor que éste: que ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos...» (Jn. 15:13-15). Y de este amor brota un gozo inaudito: «Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido» (Jn. 15:11). El gozo de Jesús era el emanado del conocimiento del Padre y del cumplimiento de su voluntad, es decir de la obediencia. De este modo se anticipaba a la imitación de sus seguidores y con su ejemplo señalaba el camino de forma diáfana.

La obra de Cristo en sus discípulos se llevaría a cabo no sólo por esta vía de la instrucción y del ejemplo, sino ante todo por la acción del Espíritu Santo, como nos lo muestran los escritos del Nuevo Testamento, especialmente el de los Hechos y los de las epístolas. El testimonio apostólico se enlazaría con la enseñanza de Cristo y la experiencia de la Iglesia apostólica de todos los tiempos. Su historia registra ejemplos de fe y dudas, padecimientos difícilmente soportables y ejemplos de valentía de mártires innumerables que han sido blanco de las burlas de incrédulos y perseguidores. Pero estos mártires, lejos de desfallecer bajo el peso de la tristeza y el temor, han tenido experiencias de gozo triunfal, tal como les dijo su Maestro y Señor: «Vosotros ahora tenéis tristeza, pero os volveré a ver y se gozará vuestro corazón y nadie os quitará vuestro gozo» (Jn. 16:22).

Ello es así porque el gozo va íntimamente asociado al poder de Cristo. Ya lo anticipó Nehemías cuando declaró con vigor al pueblo: «El gozo del Señor es vuestra fuerza» (Neh. 8:10). Es cierto que el creyente sufre en verdad muchos de las penalidades que aquejan al no cristiano, pero también es verdad que del Señor recibe las fuerzas para confiar en él y seguir sirviéndole con alegría (2 Co. 12:1-10). No menos alentadoras son las palabras de Pedro cuando declara en su primera carta que somos «guardados por el poder de Dios mediante la fe para alcanzar la salvación (...) en lo cual vosotros os alegráis, aunque si es necesario tengáis que ser afligidos en diversas pruebas» (1 P. 1:5-6).

La obediencia, garantía del gozo, requiere un esfuerzo

Hemos visto hasta ahora cómo la bendición de la alegría no es otorgada al creyente incondicionalmente sino que va ligada a la obediencia. Ésta se convierte así en la garantía del gozo. Pero, además, el «estar gozoso» es en sí mismo un acto de obediencia. Las exhortaciones de Pablo al respecto suelen ir en el modo imperativo, es un ruego a obedecer: «Estad siempre gozosos» (1 Ts. 5:16), «Regocijaos en el Señor siempre...» (Fil. 4:4). Hay, por tanto un elemento de esfuerzo por nuestra parte incompatible con la pasividad y la autocomplacencia. Sin duda la seguridad de nuestra salvación es una fuente perenne de gozo, un gozo espontáneo. Pero, en otro sentido el gozo es algo a cultivar, como una planta que hay que regar, tal como ocurre con las otras partes del fruto del Espíritu.

La paz, consecuencia del gozo

Es llamativa, y sintomática al mismo tiempo, la cercanía con la que el gozo y la paz aparecen en el Nuevo Testamento. Tanto en el texto por excelencia sobre el gozo (Fil. 4:4-7) como en el pasaje clave del fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz...» (Gá. 5:22-24), ambos están íntimamente vinculados. Una relación tan estrecha no nos debe sorprender por cuanto el gozo auténtico del Espíritu es también fuente de una paz profunda. Cuando contemplamos nuestro estado actual en Cristo y experimentamos que «nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús», la paz y el gozo fluyen de forma abundante. Todo creyente se identifica con la reacción de los magos de Oriente quienes «al ver la estrella se regocijaron con muy grande gozo» (Mt. 2:10). La estrella, señal inequívoca del nacimiento de Jesús, nos recuerda la gloriosa esperanza, presente y futura, que tenemos en Cristo.

La conclusión de todo lo expuesto debe animarnos a cantar:

Las nubes y la tempestad
No ocultan a Jesús
Y en medio de la oscuridad
Me gozo en su luz.

Gozo, gozo, en mi alma hoy.
Gozo, gozo, doquiera que estoy.
Desde que a Jesús vi
Y a su lado fui
De su amor el gozo he sentido en mí

viernes, 28 de agosto de 2009

Jinetes del apocalipsis

¿Llegaron los jinetes del Apocalipsis?

Plagas, guerras, pestes, hambrunas... esos elementos que siempre han estado presentes en la historia de la humanidad en mayor o menos medida, hoy nos amenazan otra vez desde las páginas de los diarios y las pantallas de TV o del computador, que no dejan de hablar de un colapso económico mundial inminente de imprevisibles consecuencias, del calentamiento global que acabará con una porción importante fe la humanidad, de la posibilidad que las tensiones entre oriente y occidente se salgan de las manos en proporciones catastróficas, el SIDA, la gripe aviar... los tiempos no parecen buenos, amenazados por esos monstruos que parecen estar ya listos para saltar sobre nosotros. De manera natural, en tiempos de temor e incertidumbre (me voy a resistir a usar la palabra “crisis”), el hombre busca dos cosas (sobre el lenguaje inclusivo escribiré otro día, pero baste decir que me refiero al género humano, todos y todas, ellos y ellas, niños y niñas)… bueno, decía que en tiempos de desasosiego el hombre busca dos cosas principalmente: un chivo expiatorio a quien culpar de todo, con lo que se inician las cazas de brujas (y brujos) y en segundo lugar, busca tierra firme donde asentar el pie: aquello que no cambia, lo que se puede dar por descontado, aquello que no depende del dólar, ni del euro, ni de las decisiones de tal o cual congreso o parlamento o de lo que vaya a decir esta noche el presidente de un país o el primer ministro de otro.

Sobre culpables de nuestra actual situación de calentamiento global del planeta y de enfriamiento global de la economía, eso es fácil: los culpables somos nosotros, todos nosotros, vivos y muertos. Claro que unos son más culpables que otros y si bien todos nosotros tenemos que aceptar que hemos condonado un sistema económico pecaminosamente absurdo y perversamente injusto (o por lo menos no lo hemos condenado con suficiente fuerza y persistencia), también es cierto que mientras unos hemos callado y nos hemos acomodado, otros lo han promovido y se han beneficiado groseramente de él… pero no es el elemento culpa el que me interesa en esta oportunidad.

Mi pregunta es: “¿Dónde está la tierra firme?” o planteándola de otra manera: “¿Hay algo en lo que pueda creer, en quien pueda confiar, que no vaya a cambiar para luego darme explicaciones --que no voy a entender-- de por qué al fin sí cambió?” (como muchas veces pasa con los bancos o las aseguradoras, cuando se dignan explicarnos por qué lo que pagamos por años no cuenta o por qué el seguro no va a pagar lo que juró siempre que pagaría mientras nos cobraba las primas…).

Para quienes nos confesamos cristianos, la respuesta parece fácil, rápida y automática: Cristo es la roca firme, Dios es inmutable y no es hombre para que cambie, puedo confiar en el Señor --y así sucesivamente—y digo “parece” no porque no crea en esos enunciados, sino porque el estado actual del cristianismo evangélico popular no permite que los inamovibles de siempre sigan siéndolo y permítanme explicar lo que digo.

Tradicionalmente –y eso para efectos prácticos significa desde la Reforma—el inamovible fundamental estaba en las Escrituras y en el Dios de las Escrituras. Él se reveló por medio de ellas y porque ellas son la Palabra de Dios, la cual no pasará aunque los cielos y la tierra sí, podíamos aferrarnos a la convicción de que se podían tirar los montes al mar de cabeza si querían, pero las promesas de Dios para su pueblo no se moverían un milímetro. Así, los mártires del cristianismo de todos los tiempos han enfrentado llamas, fieras y los tratamientos más atroces, firmemente aferrados a la convicción de que Dios no los había abandonado a pesar de todo y de que su voluntad es buena, agradable y perfecta, porque así escrito está. La belleza de todo eso estaba en que esa promesa, esa voz de Dios era la misma para el creyente chino, ruso o guatemalteco, blanco, amarillo, negro o verde, gordo o flaco, nuevo o veterano, presbiteriano, bautista, pentecostal o lo que fuera… bastaba con ser discípulo del Cristo del evangelio.

¿Por qué hablo en pasado? Porque el cristianismo de hoy se ha puesto a jugar con una serie de cosas que le han quitado el piso a los inamovibles que nos trajo el retorno a las Escrituras del siglo XVI. Para empezar, vemos a cristianos evangélicos bien intencionados (y por lo general todas estas cosas son hechas con las mejores intenciones) que dándoselas de grandes intelectuales se dedican a diseminar las enseñanzas de la famosa crítica bíblica como si fueran lo mejor que le pudieran dar a la iglesia y que lo único que logran al final es minar la confianza de la gente en la Palabra. No todo el mundo puede convertirse en un erudito para entender todo eso que le dicen de pergaminos, familias de manuscritos, teorías Q, J y qué sé yo qué más y al no poder convertirse en sesudos analistas, y “ayudados” por supuestamente sensacionales hallazgos relatados en Discovery o en NatGeo, se quedan con la idea de que toda la Biblia es cuestionable, y que en realidad no se sabe quién escribió qué ni cuándo y vaya a saber uno si eso es Palabra de Dios o no… ¿y quién puede decirlo? Lo peor de todo es que en la gran mayoría de los casos, las teorías supuestamente “científicas” usadas para desvirtuar la Biblia que el creyente tiene en las manos están trasnochadas y son malas traducciones de libros de hace 50 años y la gran mayoría de sus preguntas o bien ya fueron respondidas o ya no son relevantes. Y mejor no sigo con este tema, porque entonces habría que hablar de la proliferación de varias “biblias” diferentes: del hombre, de la mujer, del joven, del viejo, del que cree, del que no… o –más complejo aun-- de las múltiples versiones y traducciones, todas compitiendo unas con otras y dejando en el aire la idea de que la Biblia no es una sola sino muchas, dependiendo de los intereses que se quieran fomentar.

Otra forma en que hemos convertido los otrora inamovibles de Dios en fétido pantano de arenas movedizas, ha sido el abandono de la Palabra de Dios por las dudosas revelaciones de gurús de diverso pelambre, todos con línea directa al Todopoderoso y con la creencia de que pueden andar por ahí adivinándole el futuro a la gente, o lo que es peor, arrogándose el derecho a dirigir o gobernar la vida de las personas, supuestamente en nombre de Dios. ¿Quién nos asegura que lo que alguien “siente en su corazón” viene de Dios? ¿Cómo sabemos que la orden de cambiar de trabajo --¡o de pareja!-- que sale de la boca del supuesto profeta viene de Dios? ¿Cómo nos defendemos de aquellos que, mezclados entre los verdaderos pastores, no son sino lobos con piel de oveja que nos quieren tragar con zapatos y todo? La verdad es que nuestra única protección posible es congregarnos alrededor de la Escritura para partir de ahí y afirmarnos en ella. Claro que habrá ocasiones en las que no nos pondremos completamente de acuerdo porque se interpondrán asuntos de interpretación, pero una cosa es no estar de acuerdo con otro hermano por la interpretación o aplicación que hace de un texto bíblico y otra cosa muy diferente es la de dejar completamente de lado la Biblia para favorecer a otros medios de revelación supuestamente sobrenatural.

Por último, una tercera y muy perversa forma en que hemos minado los inamovibles en los que nos podríamos afirmar ha sido nuestra actitud de “picar” en la Biblia en vez de tomarla como un todo... y digo que es “perversa” porque aquí reconocemos la Biblia como palabra de Dios sin poner en duda su validez y la usamos sin cambiarla por otra cosa, lo cual suena muy piadoso... pero el problema está en que la usamos mal. Tomamos de ella lo que nos gusta, lo que suena bien, lo que creemos que nos conviene (aunque en realidad todo en ella nos conviene) y dejamos de lado lo que no entendemos, lo que nos atemoriza, lo que no cabe dentro de nuestra idea de justicia (¡o de belleza!) y en consecuencia, terminamos con una colección de versículos, aforismos e ideas que una vez unidas no dan nada coherente. Las Escrituras, tomadas en su conjunto, desde Génesis hasta Apocalipsis (no necesariamente guardando el orden, pero sí su integridad) nos muestran una cosmovisión bíblica que incluye una antropología bíblica, una teología bíblica, que nos proveen un entendimiento de nosotros, del mundo, de la historia, del futuro, del dolor… de la totalidad del ser y de su relación con el Otro y con los otros, que una colección acomodada de versículos jamás nos podrá dar. Además, sin el todo perdemos la facultad de aplicar el principio que dice que la Escritura interpreta la Escritura, seremos incapaces de cotejar un texto con otro, de conocer y asimilar (y aceptar) las tensiones insolubles que existen al interior de ella… es decir, leer la Biblia fragmentadamente, sin tener en cuenta el todo, no solo es muy poco beneficioso, sino que es hasta peligroso ya que así es muy fácil hacerla decir lo que no dice y hacerle callar lo que no queremos oír.

Así pues, en estos tiempos de …bueno, de crisis, lo mejor que tenemos para ofrecer al que sufre, al que teme, al que enfrenta una pérdida, al que está angustiado, es la visión que nos presentan las Escrituras de un Dios poderoso y misericordioso que señala nuestro pecado y lo condena, pero entrega a su Hijo para que podamos tomar el camino del arrepentimiento y ser salvos de esa condenación a la que nuestro pecado nos llevaría irremediablemente si no fuera porque Dios mismo pagó el precio de nuestra redención.

Ese es nuestro mensaje; eso es lo que anunciamos... nada más, pero tampoco nada menos. No tenemos soluciones para la crisis generada por la avaricia monumental del hombre, ni para la crisis ambiental generada por nuestro degenerado consumo de recursos naturales. Lo que sí tenemos y compartimos es un mensaje de esperanza, de que las cosas no siempre serán así y un llamado a buscar en la Biblia al único que puede hacer que esa esperanza se convierta en realidad.

jueves, 27 de agosto de 2009

Aborreciendo lo malo; Aplicándoos a lo bueno

Romanos 12:9

El amor sea sin hipocresía. Aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno.

Es maravilloso saber que si usted cree y enseña las verdades sencillas de la Biblia se ahorrará a sí mismo y a sus hijos cientos de locuras de cada nueva generación. Si quiere ser útil para su generación, no necesita ser un experto en la última moda filosófica, o en la última moralidad progresista, o en la última tendencia psicológica. Pocos cristianos necesitan estudiar estas corrientes y responderlas. La gran mayoría de los cristianos simplemente debieran marchar al ritmo de otro tamborilero.

La mayoría de los cristianos ordinarios necesitan profundizar en la Biblia y creer y absorber qué significa y qué implican sus declaraciones más sencillas. Si lo hacen, si profundizan su intelecto en cada aspecto de la Biblia, y permiten que ella moldee su mente y corazón, se ahorrarán muchas corrientes desviadas que suenan actualizadas, pero terminan en la destrucción de las vidas.

Creo que usted verá esta verdad en acción si meditamos hoy en la segunda mitad de Romanos 12:9. Todo el versículo dice: "El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno. La vez anterior vimos las palabras: "El amor sea sin hipocresía”. Hoy nos enfocamos en las palabras: "aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno”. Mi idea central es: si usted va a pensar, y orar, y obedecer según esta sencilla exhortación, usted (y sus hijos) serán liberados de muchas de las vanidades de esta época, y de todas las épocas.

Hagámoslo juntos. Veo cinco verdades que hay que señalar. Quizás ni estén conscientes de estos principios, sin embargo, ellos pueden tener un efecto poderosamente bueno en ustedes. En otras palabras, no usted tiene que ser un predicador expositivo para ser transformado por la Biblia. Pero es útil que estas cinco verdades sean señaladas de vez en cuando y que pueda ser incitado y profundizado el poder transformador del texto.

1. Existe Algo Más Allá de Mí, Llamado Bien Objetivo y Mal Objetivo

Cuando Pablo dice: "aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno", está rechazando la noción de que el mal está definido por lo que yo aborrezco; y está rechazando la noción de que lo bueno está definido por aquello a lo que yo me aplico. Es tan simple y tan obvio. ¿Alguna vez pensó en decírselo a sus hijos? Quizás. Pero si le enseña versículos como este las veces suficientes y con la profundidad suficiente, ellos absorberán toda la perspectiva bíblica para su gran bien.

Es decir, absorberán la perspectiva de que existe algo como el bien y el mal, y que el bien y el mal son realidades externas a ellos. El bien y el mal no dependen de nosotros o de nuestros niños para volverse bueno o malo. Son buenos y malos objetivamente. Lo bueno no es lo que usted desea que sea bueno. Y lo malo no es lo que usted desea que sea malo. Que nos guste algo no hace que sea bueno, y odiar algo no hace que sea malo. Existe una realidad externa. Y además, existe usted. Esa realidad es buena o mala. Usted no la hace buena o mala.

¿Cómo vemos este concepto? Porque Pablo dice: "aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno”. En otras palabras, el bien y el mal no cambia, nosotros cambiamos. Nuestros corazones pueden aferrarse a las cosas porque las deseamos, y nuestros corazones pueden rechazar algunas cosas intensamente, porque no las deseamos. Pablo dice: aquí hay mal, y aquí hay bien. Ahora, traigan sus emociones y voluntad según lo que aquí ya existe objetivamente. Cuando encuentre el mal objetivo, aborrézcalo. Y cuando encuentre el bien objetivo, abrácelo.

Ahora, ¿qué hace que el bien sea bueno? ¿Y qué hace que el mal sea mal? En otras palabras, ¿cómo nos percatamos de que existe el bien objetivo y el mal objetivo? Bueno, este versículo no lo dice. Pero no tenemos que irnos muy lejos para encontrar la respuesta. Versículo 2: " Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”. Existe el bien objetivo porque existe "la voluntad de Dios". O más simplemente, y más profundamente, existe el bien objetivo más allá de nosotros porque Dios existe más allá de nosotros. Y más concreta y específicamente, Dios se ha dado a conocer a sí mismo objetiva e históricamente en Jesucristo, en las Escrituras.

Si no hay Dios, si no hubiera un Cristo, entonces el bien sería subjetivo, no objetivo. El bien existiría según la perspectiva del que contempla, especialmente del más fuerte. El poder dictaminaría lo correcto. Pero Dios existe. Y por tanto, el poder no dictamina lo correcto. El bien y la verdad, y lo correcto, y lo hermoso, tienen su fundamento en Dios, y en su auto-revelación: Jesucristo. Lo que significa que el agricultor más sencillo en Rusia, o el judío en Alemania, o el esclavo en Georgia, o el prisionero cristiano en Roma, pueden decir al Stalin, o Hitler, o dueño de plantaciones o al césar más poderoso: "No señor, eso es malo. Y todo su poder no hará que sea bueno. Por encima de usted está Dios. Y por tanto, el bien y el mal tienen una realidad objetiva más allá de usted".

Oh, qué gran regalo damos a nuestros hijos cuando les enseñamos las enseñanzas simples y sencillas de la Biblia. Sus implicaciones van muchísimo más allá de nuestro conocimiento. En esta única frase hay un mundo de verdades preciosas.

2. No es Suficiente con Desechar el Mal, y Elegir el Bien; se Requiere Una Intensidad Interior

Fíjese en los verbos de Pablo: "aborreciendo (apostungountes) lo malo, aplicándoos a lo bueno (kollömenoi)". Él no dijo: "No escojan lo malo sino lo bueno". Sus palabras son muy fuertes. "Aborreciendo" es una buena traducción. También sería correcto decir "odien, disgústense con" (Liddell and Scott Lexicon). La frase "aplicándoos a lo bueno" significa aférrense a lo bueno. Ámenlo. La palabra es utilizada para la unión sexual en 1ra a los Corintios 6:16.

En otras palabras, Dios no está interesado en una religión sostenida por la fuerza de voluntad, o en una moralidad sostenida por la fuerza de voluntad. No es suficiente con escoger. No es un señalizador de una transformación profunda. Recuerde el significado de hipocresía (cambiar lo exterior con decisiones de la voluntad). Ahora Pablo dice, no solo eviten lo malo, ódienlo. No solo escojan el bien, aférrense al bien. Amen el bien. La batalla de la vida cristiana es una batalla principalmente para que nuestras emociones cambien, no solo nuestro comportamiento.

Con este concepto llegamos a la tercera observación.

3. La Biblia Ordena que Nuestras Emociones Sean Cambiadas, Aun Cuando no Tenemos un Control Inmediato Sobre Ellas

Usted no puede comenzar a aborrecer inmediatamente lo que le gusta. Pero cuando Pablo dice: "aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno", está ordenando a nuestras emociones que sean de una y otra forma. Nunca crea en el argumento de que Dios no requiere que nuestras emociones sean de una forma u otra, como si Dios solo tuviera requerimientos para el cuerpo o la voluntad. Dios no solo ordena que escojamos lo bueno, sino que lo amemos, y no solo ordena que desechemos lo malo, sino que lo odiemos y aborrezcamos.

Pero, ¿qué sucede si su corazón está en tal condición que ama lo malo y odia lo bueno? ¿Cómo obedecerá usted este mandamiento? La respuesta es que debemos nacer de nuevo. Lo que simplemente ha nacido de la carne, ama las cosas de la carne. Lo que es nacido del Espíritu ama las cosas del Espíritu (Juan 3:3-7; Romanos 8:7-8; 1ra a los Corintios 2:14-16).

O, para usar términos bíblicos diferentes, el nuevo pacto, adquirido para nosotros por la sangre de Cristo (Lucas 22:20; 1ra a los Corintios 11:25), debe ser completado en nuestras vidas, si nuestras emociones desean conformarse a la perspectiva que Dios tiene del bien y del mal. Ezequiel 36:26: "‘Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros”. Dios debe darnos un nuevo corazón si vamos a odiar y a amar como debiéramos. Lograremos obtener un nuevo corazón para nosotros mismos (Ezequiel 18:31) al anhelar el cambio propio y clamar por la misericordia de Dios en el nombre de Cristo para que nos sea quitado el corazón de piedra. Y cuando Cristo ya nos ha dado un nuevo corazón que comienza a ver el mundo como él lo ve, y comienza a sentir como él siente, entonces debemos continuar buscando la transformación diaria: "contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria" (2da a los Corintios 3:18).

La vida cristiana no se trata de simples elecciones. Es elegir con intensidad: aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno.

4. El Bien Moral Objetivo es Bueno Para Nosotros, y el Mal Moral Objetivo es Malo para Nosotros

Lo veo fundamentalmente en la relación entre las dos mitades de este versículo. Primero dice el versículo 9: "El amor sea sin hipocresía;...". Y entonces, sin comenzar una nueva oración, en el griego original, continua diciendo: "... aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno”. El vínculo entre el mandamiento a amar y el mandamiento a aborrecer lo malo y a aplicarnos a lo bueno está muy cerca. Parece como si Pablo estuviera diciendo algo esencial acerca del amor.

Todos están de acuerdo en qué significa el amor, al menos, significa hacer por las personas lo que es bueno para ellas, no malo. Así que cuando Pablo dice: "El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno”. Yo supongo que quiere decir que sería amoroso aborrecer lo malo y aplicarnos a lo bueno. Lo que significa lo que Dios llama malo debe ser malo para las personas, y lo que Dios llama bueno, debe ser bueno para las personas.

Y no al contrario. Nosotros no decidimos qué es bueno para las personas y qué es malo para las personas y entonces definimos así al amor. Dios decide qué es bueno y qué es malo, y nosotros seguimos su orientación y le llamamos amor, porque lo que Dios dice que es bueno, es bueno para las personas, y lo que Dios dice que es malo, es malo para las personas.

Usted lo puede ver muy claramente en 1ra de Juan 5:2. Juan escribe: "En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos" ¿Cómo saber que está amando a las personas? Al amar a Dios y guardar sus mandamientos. Sus mandamientos son la expresión del bien objetivo. Y sus prohibiciones son la expresión del mal objetivo. Y por tanto, el mal objetivo es malo para las personas y el bien objetivo es bueno para las personas.

Pero seamos explícitamente cristianos. El bien objetivo supremo es el Dios-Hombre, Cristo mismo. Él es nuestro bien. Y por esa razón usted puede ver más claramente que el bien objetivo supremo es bueno para nosotros. Nada es mejor para nosotros que Cristo. Él es infinitamente bueno, e infinitamente bueno para nosotros. En él el bien y el bueno-para-nosotros se vuelven una sola esencia. Todos los restantes bienes son buenos para nosotros de un modo indirecto. Son buenos para nosotros porque nos guían hacia él. Solo él es el bien que es directa y supremamente bueno para nosotros.

Lo que nos lleva hacia la quinta y última observación.

5. El Amor Genuino Debe Odiar

Si existiera un universo en que no hubiera un mal que hiriera a las personas o deshonrara a Cristo, entonces solo existiría el amor y no el odio. No habría algo que odiar. Pero en un mundo como el nuestro, no solo es necesario que amemos y odiemos, sino que nuestro amor incluya el odio.

Pablo dice: "El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo". Un comentarista llama a este aborrecimiento "un intenso rechazo interior". Es rechazo. Es interior. Es intenso. Y lo que quiero decir es que en este mundo el amor tiene que sentir odio por lo malo. Como el mal hiere a las personas, y deshonra a Dios, usted no puede decir que ama a las personas mientras consciente el mal.

No cometa el error de decir: el mal que aprecio solo me hiere a mí, y por tanto no significa que yo no ame a los demás. Eso es absolutamente falso (vea 1ra de Juan 5:2 arriba). Usted fue creado para mostrar a otros la dignidad de Cristo. Eso es lo bueno para ellos. Es lo que significa amarles. Pero si usted se hace cosas que dañan su disfrute de Cristo y su expresión de Cristo, entonces peca contra los demás y no solo contra sí mismo. Les roba aquello que Dios determinó que usted les diera.
Así que digo nuevamente, el amor por los demás debe odiar el mal. Porque el mal hiere directamente a otros, y el mal hiere indirectamente al herirle a usted. El mal oscurece la belleza de Cristo. Y Cristo es nuestro mayor bien. Nuestro mayor gozo.

Conclusión

A medida que se acerca la Navidad, y usted piensa en los regalos, recuerde que uno de los mayores regalos ahora y para la próxima generación es creer y enseñar la Palabra de Dios, simple y sencilla. "... aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno”. Oh, en estas palabras hay un mundo de preciosas verdades. Y Cristo es la conclusión de toda verdad y de todo bien, y el triunfo sobre toda maldad. Así que en esta temporada de Adviento, aférrense a Cristo y aborrezcan todo lo que le deshonre a él.


10 razones por qué estoy agradecido por la biblia inspirada por Dios

1. La Biblia aviva la fe, fuente de toda obediencia.

Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. (Romanos 10:17)

2. La Biblia libera del pecado.

y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:32)

3. La Biblia libera de Satanás.

Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad. (2 Timoteo 2:24-26)

4. La Biblia santifica.

Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. (Juan 17:17)

5. La Biblia libera de la corrupción y fortalece a la santidad.

Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina. (2 Pedro 1:3-4)

6. La Biblia brinda amor.

Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, (Filipenses 1:9)

Debes hacerlo así para que el amor brote de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera. (1 Timoteo 1:5)

7. La Biblia salva.

Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen. (1 Timoteo 4:16)

Por tanto, hoy les declaro que soy inocente de la sangre de todos, porque sin vacilar les he proclamado todo el propósito de Dios. (Hechos 20:26, 27)

Con toda perversidad engañará a los que se pierden por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos. (2 Tesalonicenses 2:10)

8. La Biblia imparte alegría.

Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. (Juan 15:11)

9. La Biblia revela al Señor.

Además, el Señor siguió manifestándose en Siló; allí se revelaba a Samuel y le comunicaba su palabra. (1 Samuel 3:21)

10. Por lo tanto, La Biblia es el fundamento de mi hogar y familia feliz. De mi ministerio y esperanza de eternidad con Dios.


martes, 25 de agosto de 2009

Una gran obra

Resulta muy inspirador el mensaje enviado por el Señor a la iglesia de Esmirna: “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico)…” (Ap.2:9ª). No parece ser una iglesia grande, ni poderosa en cuanto a lo económico, pero una gran iglesia delante del Señor. Esto es lo que también se puede apreciar en el libro de Nehemías, cuando sus enemigos pensaron hacerle mal y le invitaron a reunirse con ellos, pero Nehemías respondió: “Y les envié mensajeros diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros” (Neh.6:1-3).

Que importante es distinguir entre una obra grande y una gran obra. Muchas veces podemos apreciar y valorar en nuestros corazones una obra grande, pensando que por su tamaño, tiene que estar la bendición de Dios allí. De acuerdo al número de miembros que tiene una congregación, esta la valoración que esta tiene. Solo que delante de Dios no existen estos valores tan superficiales y vanos; para Dios lo que da valor a la obra es la realidad de Cristo en cada corazón. No debemos impresionarnos por ver estadios llenos de gente cantando alabanzas, lo que debemos pensar es cuánto hay de realidad de Cristo en cada una de esas personas, porque la iglesia que el Señor Jesús está edificando no es una masa humana, sino personas individuales en las cuales se va formando la imagen de Dios en la obediencia a Jesucristo. Lo que da valor a la obra es el autor de esa obra, y en cuanto a la obra de Dios, es Jesús el que la comienza y quien la termina:”…el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fi.1:6). Gracias podemos dar a Dios porque él está obrando, él continúa haciendo su preciosa obra, edificando su iglesia para que llegue a ser santa y sin mancha, vestida de lino fino, blanco y resplandeciente.

Cuando se puede apreciar una correcta edificación de la iglesia, se ha de manifestar una verdadera fe en el Señor Jesús y el amor por todos los santos. Cuando estas cosas están presentes podemos regocijarnos y dar gracias a Dios por su valiosa obra, esperando que el Padre de gloria pueda dar espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos del entendimiento para conocer su voluntad y la esperanza de gloria a la cual Dios está llamando. (Ef.1:15-18) Estas son evidencias de una iglesia enriquecida en Cristo, que no tiene puestos sus ojos en las apariencias, sino en la verdadera riqueza que hay en Jesús.

En la obra de Dios no hay lugar para la iniciativa propia o los deseos personales de los creyentes. Ya desde el principio vemos como la serpiente engañó a Eva llevándola a comer del árbol de la ciencia. A ella le pareció que el árbol era bueno para comer; pero la palabra de Dios ya había dicho que no comieran de él; mas a ella le pareció bueno, y árbol codiciable para alcanzar sabiduría. Actuó la iniciativa propia y entró la muerte al mundo. (Gn.3:1-6) De esta misma forma, en los días de Moisés, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, sacerdotes de Dios, ofrecieron delante del Señor, fuego extraño, que él nunca les mandó, y murieron delante del Señor. (Lv.10:1-2) El hombre con sus propias obras solo puede producir muerte, y desviarse del camino que Dios ha trazado para alcanzar la vida eterna que está en su Hijo Jesucristo. Así estaba la condición de Saulo de Tarso cuando pensando que servía a Dios, arrastraba a las cárceles a los discípulos del Señor y consentía en la muerte de ellos. Es decir, también producía muerte, hasta que Jesús se manifestó a Saulo y transformó su vida. ¿Quién eres Señor? Y ¿Qué quieres que yo haga? Fueron las dos preguntas que hizo Saulo, manifestando que ahora ya no seguiría haciendo su propia voluntad sino la voluntad de Dios.

“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...” (Gn.1:26). Es el gran propósito anunciado desde la creación; y para este propósito ha venido el Hijo de Dios al mundo, para manifestar la imagen de Dios. “A Dios nadie le vio jamás. El Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn.1:18). “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col.1:15). Esta es entonces la obra que Dios está haciendo en todos los creyentes, los creen en el nombre del Hijo de Dios y guardan sus mandamientos. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro.8:29). Para esta obra todo hombre es incompetente, y solo puede entorpecer la edificación con sus ideas y conceptos terrenales. Es por tanto necesario, seguir a Jesús, ser discípulo y aprender de él, para que por medio de la gracia, ser capacitados para colaborar con Dios en la edificación de su iglesia. Es tan claro este propósito, que cuando entraron en la iglesia de Galacia, falsos maestros, que desviaron a los hermanos para justificarse por medio del cumplimiento de la ley, apartándolos de la fe y la obediencia al Señor Jesús, Pablo les corrige severamente y con una expresión de amor y dolor expresa: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Ga.4:19). No debemos, entonces poner nuestros ojos en el número de personas que hay en una congregación, sino en cuantos se ve a Cristo.

Esta obra de Dios es de tal riqueza que Pablo dice: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1Co.2:9-10ª). Esta revelación de las cosas celestiales es dada en la medida que se alcanza madurez, por esto es importante el crecimiento espiritual. Esto no consiste en acumular años de congregarse, sino de comer de Cristo y crecer en él, o transitar por el Camino de Santidad, por el cual no puede pasar ningún inmundo. (Is.35:8) Cuando se ha estado creciendo en el Señor, se ha de experimentar la muerte a la vida antigua, a las pasiones y deseos carnales, para resucitar juntamente con Cristo a una nueva vida, celestial y eterna. Si hemos resucitado con Cristo, entonces debemos buscar las cosas celestiales, no las terrenales, porque hemos muerto para lo terrenal y ahora nuestra vida es Cristo, y él está en los cielos: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col.3:1-2). Una vida que está en el Espíritu del Señor, va creciendo hasta que le sean abiertos los cielos y pueda ver las cosas celestiales. “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hch.7:55-56). No fue diferente con la vida del apóstol Pablo, quien, por la gracia de Dios, fue llevado hasta el tercer cielo, donde oyó palabras inefables que no les dado al hombre expresar.

Tampoco fue diferente con la vida del apóstol Juan, quien en la Isla de Patmos estaba en el Espíritu, y fue llevado al cielo en el Espíritu, para recibir revelación de las cosas celestiales. (Ap.1:10; 4:1-2) Esta es la verdadera riqueza que tenemos en Cristo, que por su gracia, nos ha permitido ver su gloria y las cosas que ha preparado para los que le aman.

¿Cómo se puede hacer todo esto? Con la pureza de la palabra de Dios. Todo está en la palabra de Dios. “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Stg.1:18). Todo comienza por la palabra de Dios, la cual nos hace nacer para la vida en el Espíritu. “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1P.2:2). La palabra a modo de leche es el alimento espiritual para el recién nacido, que nos hace crecer en Cristo. “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn.15:3).

Para llegar a ser completamente limpios, es necesaria la palabra del Señor Jesús. ”Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn.8:31-32). Maravilloso, la permanencia en la palabra nos lleva al conocimiento de toda la verdad, y nos liberta. Entonces, cuando estas cosas se cumplen, vemos como se prospera en la obra del Señor, lo cual nada tiene que ver con cosas materiales, sino con riquezas espirituales que permanecen para siempre. Cuando una vida ha permanecido en la palabra de Dios y ha llenado su corazón de ésta sabiduría, entonces todo lo que salga por su boca será para edificación de los oyentes. “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1P.4:11). En esta obra que el Señor Jesús está haciendo en su iglesia, ¿Para qué sirven las tradiciones, fiestas, y obras de hombres? Solo son obras muertas que hacen tropezar a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. La gracia y la verdad de Dios nos limpien de toda obra humana para ser guiados por el Espíritu en el camino nuevo y vivo que es Cristo Jesús. Amén.

Creelo todo esta bajo su control

Todo fríamente calculado... de verdad. ¿Te animás a creer que Dios siempre guarda lo mejor para el final, a pesar de lo negra que veas tu realidad?

En el segundo capítulo del libro de Juan Jesús realiza un milagro que nos recuerda los dos aspectos de esta alentadora verdad: su poder para transformar nuestras situaciones más difíciles, y su promesa de un futuro y una esperanza que van más allá de nuestros sueños e imaginación.

“Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:
– Ya no tienen vino.
– Mujer, ¿eso que tiene que ver conmigo? –respondió Jesús–. Todavía no ha llegado mi hora.
Su madre les dijo a los sirvientes:
– Hagan lo que él les ordene.
Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros.
Jesús dijo a los que servían:
– Llenen de agua las tinajas.
Y ellos las llenaron hasta el borde.
– Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete –les dijo Jesús.
Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo:
– Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.
Esta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:1-11).

¿No te parece extraño que Jesús haya escogido una boda para lanzar su ministerio público? ¿O el hecho de que su primer milagro consistiera en abastecer de bebida la celebración de una boda?
¿No crees que sea un poco… casual? ¿No podía haber escogido algo más espectacular? Si yo hubiese sido el asesor de relaciones publicas de nuestros Señor en este momento, le habría aconsejado que no iniciara su carrera de Mesías de esa forma. Seguro hubiese establecido una estrategia más “lógica” para Él.

Jesús diría:
– Pensaba convertir el agua en vino.
– ¿Qué? ¿Por qué vas a querer hacer un milagro como ese? ¿Dónde está el drama? ¿Dónde está la noticia?
El Señor realizó un milagro para traer felicidad y gozo a aquellos que celebraban la unión de un hombre y una mujer. Lo que Jesús hizo por esta joven pareja en su fiesta de bodas, muestra que Él puede intervenir en tu vida en cualquier momento y proveer exactamente lo que necesitas. En realidad, Él podría ir mucho más allá para darte más de lo que jamás hayas pensado pedir o pudieras incluso soñar.

No se trató de un juego de manos como si se colocara un colorante púrpura para alimentos en esos inmensos barriles de cien litros de agua. Jesús creó un vino fino en un instante. Este era un vino que indicaba claramente que provenía de uvas de primera clase, crecidas en un viñedo saludable, bañadas durante una larga temporada para la cálida luz del sol del Medio Este.
Jesús creó seiscientos litros de un vino superior en un abrir y cerrar de ojos. Si hubiese querido, hubiera podido convertir todo el Mar de Galilea en un cabernet. Pero limitó el milagro a estas seis tinajas en una fiesta de bodas en una pequeña comunidad.

Si Jesús pudo hacer esto… si pudo transformar agua genérica cambiando por completo su estructura molecular en un segundo para convertirla en un vino tan maravilloso que sorprendió y asombró a un experimentado catador… si pudo hacer esto… ¿qué situación en tu vida puede ser tan compleja o sobrecogedora para Él? ¿Qué desafío en tu vida podría exceder a este?

En ocasiones nos encontramos en una confusa combinación de circunstancias frustradas, sintiendo que las mismas están más allá de nuestro entendimiento, y tratamos de explicárselo todo al Señor esperando que Él pueda –de alguna manera– comprender lo que nosotros de forma escasa entendemos.
No te preocupes. Jesús discierne tu situación de forma más profunda y detallada de lo que harías si pensaras y te angustiaras por ella durante un millón de años.

El milagro en el capítulo dos de Juan, el primer acto sobrenatural de nuestro Señor, prueba que Él tiene el control de toda situación imaginable, de lo más sutil, de los que parecen ser los detalles más insignificantes. A través de este milagro, Jesús mostró que tiene a su disposición, de manera inmediata e ilimitada, el poder para hacer cualquier cosa que escoja hacer.

Es posible que no necesites que el agua corriente se convierta en vino, pero entender y palpar la ilimitada fortaleza y sabiduría de nuestro Señor puede ser muy importante… cuando el doctor te llama a su oficina, te pide que tomes asiento y te dice que tienes una enfermedad grave, o cuando el jefe te llama por separado a una reunión y te dice: “Lo siento, pero tenemos que dejarte ir”, o cuando tu cónyuge te dice que él o ella quiere terminar el matrimonio.

Es algo bueno –muy, muy bueno– saber que ninguna de estas cosas agarra a Dios por sorpresa, y que nada limita su habilidad para intervenir en nuestras vidas para trasformar por completo las más reñidas, enredadas y convulsionadas situaciones, llevando a cabo las cosas más allá de nuestro entendimiento.

(Este fragmento de mensaje es del autor Greg Laurie y esta extraido del libro: Lo mejor está por llegar de Editorial Vida)




domingo, 23 de agosto de 2009

5 etapas de la bendición

Toma conciencia de que una persona puede marcar grandes cambios. Para tener dominio, tienes que fructificar, multiplicarte y llenar la Tierra.

En Génesis 1:28 leemos: Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Desde el inicio del tiempo la intención de Dios era que el hombre tuviera dominio de sí mismo y autoridad sobre todo lo creado.

Nuestras iglesias en el mundo entero se han movido a un mensaje de dominio sobre la pobreza, enfermedad y cualquier circunstancia. La guerra espiritual para lograrlo es un proceso donde la bendición se da en cinco etapas: fructificar, multiplicarse, llenar la tierra, sojuzgarla y señorear. No tienes derecho a dominar sobre algo que no ha fructificado y no has sojuzgado.

Fructificar y multiplicar

La primera etapa para tener dominio es fructificar y para ello debemos tener comunión. Cuando Adán pierde la comunión, pierde el dominio. Juan 15 dice: “Separados de mí, nada podéis hacer”. En Salmos dice que para prosperar como árboles plantados tiene que haber comunión. En el Nuevo Testamento, se habla del fruto del Espíritu, pero no podemos hacerlo sin comunión. Por encima del dominio, el hombre debe buscar la comunión.

La segunda etapa es multiplicar. Un árbol crece hasta cierto nivel y después de alcanzar su altura ideal se multiplica. Lo mismo sucede con el ser humano, primero debe crecer, producir semilla y multiplicarse. Fructificar tiene que ver con comunión y multiplicar con semilla.

Génesis 1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

La primera cosa sobre la que Dios le da autoridad al hombre es sobre la semilla. En la Biblia hay dos semillas sobre las que Él te ha dado autoridad. La primera es la semilla de la Palabra. Cuando Jesús habla sobre la parábola del sembrador lo primero que hace es comparar la semilla con la Palabra de Dios. Cuando buscas que algo se multiplique en tu vida busca y siembra la Palabra.

La segunda semilla es el dinero. La Biblia dice: “El que da semilla al que siembra y pan al que come”. Generalmente los problemas que se han multiplicado en tu vida tienen que ver con dos errores: no has usado bien la Palabra y no has usado bien tu dinero. En Puerto Rico tenemos una escuela y somos testigos de cómo las personas administran mal su dinero porque prefieren gastar $180.00 en cuota de cable televisivo que $250 ó $280 por la educación de sus hijos. Prefieren buscar otra escuela más económica y sientan a sus hijos frente a la TV. Luego se preguntan porqué tienen problemas con la crianza. Si quieres que tu vida se llene de las cosas de Dios, toma la semilla de la Palabra y aprende a sembrar correctamente tu dinero. Luego podrás moverte al tercer nivel: llenar la Tierra.

Llenar la Tierra

Este principio puede resumirse en la frase: “uno puede hacer la diferencia”. Toma conciencia de que una persona puede marcar grandes cambios. Para tener dominio, tienes que fructificar, multiplicarte y llenar la Tierra.

Génesis 6 dice que en la Tierra, el hombre se multiplicó. Además, dice la Biblia que Noé halló gracia. Glorifica al Señor porque en tu familia, tú puedes ser quien cambie la historia para bien porque puedes hacer la diferencia para llenar toda la Tierra. Pocos cristianos han entendido este principio. Por el contrario, el mundo lo ha comprendido y aplicado muy bien, por eso hay tantos restaurantes McDonald´s y desde niños todos saben lo que significa la “M” amarilla. Cuando salimos de Puerto Rico y vamos a Jerusalén, lo primero que todos buscan es un McDonald´s, porque saben que encontrarán algo familiar y conocido. La historia de ese restaurante es un buen ejemplo. Un vendedor de licuadoras conoció en Texas a unos hermanos de apellido McDonald´s que cocinaban unas hamburguesas muy buenas. Su intención era venderles licuadoras pero terminó convenciéndolos de abrir otro restaurante. Con el paso del tiempo y la imposibilidad de afrontar el trabajo que implicaba dicho negocio, los hermanos le vendieron la marca al comerciante. Ahora él es el mayor vendedor de bienes raíces de USA. Este hombre no estaba interesado en vender hamburguesas sino licuadoras, pero se dio cuenta de la gran oportunidad que tenía de multiplicarse.

Es necesario tener conciencia mundial y pensar que somos capaces de hacer la diferencia. En mi caso, por ejemplo, aunque predico en Puerto Rico debo ser cuidadoso con lo que digo porque hay frases que tal vez están bien en mi país pero no fuera de él. No debo hablar con términos muy locales ya que predico para el mundo. Una vez dije por televisión la frase “de Guate mala a Guate peor”. Es un término muy puertorriqueño que no pretendía ofender a nadie, sin embargo hubo guatemaltecos que me escribieron indignados. Cuando uno entiende la trascendencia de su vida todo cambia. Eso era lo que Dios quería con Adán.

Someter el espíritu, la mente y el cuerpo

Sojuzgar es el eslabón perdido en todas las cosas que Dios quiere que alcances. Somete para poder dominar, reinar y obtener respeto. Dios le dijo a Adán que debía someter tres cosas: las aves del cielo, los peces del mar y toda bestia de la tierra. Las aves representan los pensamientos que vienen a tu mente; los peces, los que están en tu interior, y las bestias, tus instintos carnales. Domina tu mente en lo profundo y tu cuerpo a todo nivel. A la iglesia no venimos sólo a buscar un pensamiento positivo, sino también una revelación que cambie nuestra vida.

Adán podría someter todo porque fue creado a imagen y semejanza de Dios. O sea que cuando caminaba por el huerto, los animales veían al Creador. Hay dos maneras de liberar a un endemoniado, por libertad o por autoridad. Empiezas a luchar con el demonio, hasta que uno de los dos se cansa. De ti depende resistir y lograr que sea él quien se agote primero. Hay otra forma y es como Jesús lo hacía. El llegó al sitio y el endemoniado gadareno se tiró al suelo, porque reconocía que Él tenía la autoridad.

Nadie había visto a Dios hasta que te vieron a ti. Cuando el hombre caminaba sobre la tierra, todo se sometía a él porque lo que veían era la imagen de Dios. Por eso le pregunta: “¿Quién te dijo que estabas desnudo?” Cuando pierdes la comunión con Dios, pierdes Su imagen. Aquel que manifiesta la imagen de Dios, no tiene que tomar fuerza para que las cosas se sometan, simplemente todo lo que está a su alrededor se somete a la imagen del Señor.

Busca la revelación de lo que Dios dice que eres. Cuando esto sucede, todos tus pensamientos y tu carne comienzan a someterse, lo profundo de ti, la tristeza, todo lo que ha estado oculto sale a luz porque tienes la convicción de ser templo del Espíritu Santo. Tú no eres cualquier cosa y cuando tomas conciencia de ello tu vida cambia.

El temorno es la solución

Génesis 9:1-2 dice: Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados.

Cuando Dios da una segunda oportunidad de llenar la Tierra, no puede ofrecer las mismas dos bendiciones de sojuzgar y dominar. Entonces dominas a tus bestias por miedo. Una cosa es que tus hijos y tu esposa se sometan y te respeten por miedo y otra cosa es que lo hagan por autoridad. La segunda opción ofrece paz y tranquilidad sin necesidad de coaccionar o maltratar. Hay gente que domina la pobreza por miedo a ser pobre cuando Dios quiere que prosperes por derecho propio y porque es así como debe vivir un hijo Suyo.

Dios no pudo darle a Noé las otras dos instrucciones porque lamentablemente estaba influenciado por la naturaleza adánica. Noé fue un hombre que se tomó 100 años en construir un arca a pesar del escepticismo de la gente. Todos le decían que estaba loco. No podía dominar porque no tenía a quién someterse. No podrás someter nada en tu vida si no te sometes primero. No puedes pretender someter a tu hijo y pedirle que te obedezca si degradas a tu pastor o superiores delante de él. Noé no tenía a quién someterse o rendir cuentas. Lo mismo pasó con Adán siendo el único hombre sobre la Tierra. Para someter las bestias de tu existencia debes someterte a un hombre. Si no le permites a Dios poner alguien sobre tu vida, el mundo se encargará de hacerlo. Si no corriges a tus hijos, la policía lo hará.

Someterse para dominar

No puede haber personas que no se sometan. Aunque no es fácil, aprende a tomar autoridad sobre ti. Imita el caso de Abraham que sí pudo someterse a un rey luego de su gran victoria frente a otros cinco conquistados. Sólo entonces Dios lo llamó y le dio una gran promesa.

Su primera prueba fue diezmar a Melquisedec y lo escogió por una buena razón. De la misma forma sucede ahora, nuestra primera prueba es someternos a una inversión financiera. El mundo parece hecho para menospreciarte. Por eso, cuando encuentres un hombre de Dios que te ayude a valorarte como heredero del Reino, debes someterte porque está haciéndote el favor más grande de tu vida. La mayoría de personas te degradan, desmotivan y condenan, por eso se agradece encontrar a un hombre que tiene palabra de bendición. Cuando tienes la correcta imagen de Dios podrás caminar por el mundo y todo se someterá. El mismo Jesús, antes que nada se sometió a la autoridad en la Tierra y dejó que Juan lo bautizara. Éste vio en Él la imagen correcta y le dijo: “Tú eres el Cordero de Dios”. Entonces se escuchó: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. A partir de ese momento Jesús pudo someter a demonios, enfermedades y pecados. Él no permitió que nadie cambiara su imagen y encontró al hombre que le habló correctamente lo que el Padre había dicho de él. Busquemos bautizarnos en el lugar correcto, donde nos proclamen lo que el Señor dice de nosotros.

Para poder someter y compartir, debemos encontrar una Palabra de revelación sobre quién somos en Cristo Jesús. Cuando te sometes y dejas el miedo logras autoridad. Nadie debe enseñarte tu desnudez haciéndote sentir inferior o inútil. En el Génesis, Dios hace dos preguntas a Adán: ¿Dónde estás? Y ¿Quién te enseñó algo contrario a lo que yo te enseñé? Luego del pecado, todas las bestias de la tierra se revelaron. Recuerda que una revelación del Señor es más poderosa y profunda que un pensamiento positivo que sólo obra por un tiempo.

Si no cambias la imagen que Dios ha puesto en tu vida, y no aprendes a vivir conforme a ella, tendrás que someter todo por miedo. Cuando llegas a tu iglesia, todos deben saber que eres el jefe sin tener que decirlo. Para que te identifiquen como líder, debes caminar, hablar y actuar como tal. En tu casa obra con sabiduría y lucha porque tu familia fructifique. Sólo de esta forma llenarás la Tierra de todo lo que Dios anhela para tu vida.

No pretendas reinar sobre cosas que no has fructificado y multiplicado. Tampoco busques gobernar y erradicar rebeldía sin antes someterte primero. Busca la imagen correcta que el Señor tiene de ti y no permitas que nadie la cambie. Reconoce a tu Dios para poder dominar cuanto sea necesario.



sábado, 22 de agosto de 2009

En tu presencia quiero estar, en ella me quiero deleitar y en ella me quiero gozar!

Oh amado Santo de Israel!!!; tu que creaste el cielo y la tierra, y todo lo que en ella habita, Tu que eres Dios de misricordia, justicia, paz, amor, perdón y poder!; a ti sea toda la honra y la gloria por los siglos de los siglos.
Señor; gracias por tu soberania absoluta, por tu maravilloso poder, por tu eterna majestuosidad, y por tu garndeza infalible!; gracias por tu omnipotencia, omniscencia y omnipresencia!; gracias también Señor por esas maravillosas e interminables o infinitas cualidades tuyas amado Padre celestial, tu que estas en los cielos y vives y reinas por los siglos de los siglos amén!
alabo y enaltezco tu santo nombre!; por que grande es Jehová, justo y bueno con todo aquel quien le teme.
Has derramado muchas y ricas bendicionesen esta vida mia, y testigo me has hecho de tu poder y obras!, esta vida a la que tu has dado orden y significado, son esos uno de los infinitos motivos q hay y tengo para alabar tu nombre diariamente.
Por que me has redimido con esa preciosa sangre de cristo, por que me amaste,y diste nombre y vida a etse cuerpo inerte hasta que te conoció.
Gracias por ser mi padre y permitirme el lujo y la gracia inmerecida de conorte; gracias por que dia a dia me vas revelando parte de tu identidad e infinitas cualidades; cualidades tales que no alcanzaré a conocer en esta corta vida mia. Gracias por que dia a dia bendices y beneficias mi vida y la de mis seres queridos y me has hecho testigo visual y sensorial de tu infinito e inmenso poder. Gracias amado padre celestial por que en ti encontré el amor, la paz, el sociego, y la comprensión verdadera que toda alma desesperada busca, y por que tu verdad es sana, grande, fortaleciente y alentadora!, pues es ella la que me renueva dia a dia.
Tu palabra es dulce, suave, a la vez que poderosa y edificante,; tu fidelidad infinita, inigualable y demostrada a todo aquel quien en ti ha confiado y te ha obedecido; confia y obedece.
Y tu extensible amor y misericordia, no tiene limites!
Gracias por que con tan solo esta parte de tus infinitas cualidades has bendecido enormemente mi vida y me has llenado de gozo y esperanza.
Gracias Padre, Gracias Hijo, y Gracias Espiritu Santo.
En el santo nombre de nuestro amado Jesus; Amén!

viernes, 21 de agosto de 2009

Bienaventurados los misericordiosos

Únicamente cuando mostramos misericordia con los que han pecado contra nosotros, podremos pedir a Dios que tenga misericordia de nosotros.

Los misericordiosos recibirán misericordia. Esto quiere decir que recibirán la misericordia de Dios. Al igual que sucedió con el Rey Ezequias, quien hizo lo bueno ante Dios, cuando se le dijo que iba a morir, Dios le prolongó la vida 15 años más luego que el rey se arrepintiera y orara.

Nosotros, los que creemos en Jesucristo, ya hemos recibido la gran misericordia de Dios. Si Dios no hubiera tenido misericordia de nosotros y no nos hubiera perdonado, hubieramos ido al infierno y hubieramos sufrido para siempre.

sin embargo hemos sido perdonados y somos salvos sin haber pagado precio alguno sino tan sólo por haber creido en Jesucristo como el unico Hijo de Dios. Incluso si algunos creyentes lastiman el corazón de Dios pecando, Él siempre estará esperando que se arrepienta y regrese, así como el padre esperaba al hijo pródigo.

Si tan sólo se laeja del pecado y se arrepiente de todo corazón y restaura su comunión con Dios, el jamás le dirá: "me has decepcionado" ni tampoco le increpará diciendo "has cometido todos estos pecados". Tan solo le dirá que haborrado de su memoria sus iniquidades tanto como el este queda lejos del oeste.

El Este nunca se juntará con el Oeste. Están tan lejos el uno del otro que sus límites no se pueden ver. Sus pecados estarán tan lejos de la memoria de Dios como el este queda lejos del oeste. Por cierto, la oración del Padre Nuestro cita, “Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a los que nos ofenden”.

Únicamente cuando mostramos misericordia con los que han pecado contra nosotros, podremos pedir a Dios que tenga misericordia de nosotros. Si no podemos perdonar a nuestros hermanos ni podemos mostrar misericordia hacia ellos, y aún así, repetimos el Padre Nuestro todos los días, estaríamos burlándonos de Dios porque sólo estaríamos repitiendo de labios palabras vanas y vacías.

Hay un ejemplo de esto en mateo 28:21-22. Pedro le pregunto a Jesus; "Señor cuántas veces perdonare a mi hermano que peque contra mi?¨¿hasta siete? Pedro esta preguntando con un corazon amplio y receptivo como el mar.

Continúa el pasaje. Jesus le dijo: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. No sólo debemos perdonar un par de veces, llevando la cuenta de cuántas veces perdonamos a los demás, sino más bien, debemos perdonar y mostrar una misericordia ilimitada.

Luego, Jesús narró una parabola. Un siervo debía a su amo 10,000 talentos y no tenía manera de pagarlos, por eso iba a vender todas sus posesiones, y también a su esposa e hijos. Sin embargo, cuando pidió misericordia a su señor, éste tuvo compasión y le perdonó toda su deuda. Pero saliendo el siervo, se encontró con uno de sus consiervos quien le debía 100 denarios; tomándolo comenzó a golpearlo, diciendo, “Págame lo que me debes”. Y lo echó en la carcel hasta que le pagara todo lo que le debía.

Al cambio actual, al siervo se le había perdonado más de 1 billón de dólares, sin embargo, él había metido a la cárcel a quien le debía sólo dos mil dólares. El amo se enteró de esto, se enojó contra su siervo, y lo mandó llamar nuevamente. Y le dijo “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me lo rogaste. ¿No deberías tú también haber tenido misericordia de tu consiervo, como yo la tuve contigo? Y luego lo echó a la carcel.

Jesús relató esta parabola, y concluyó en Mateo 18:35, “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” Si no perdonamos a nuestros hermanos de todo corazón, Dios tampoco nos perdonará. Si no perdona, Dios tampoco lo perdonará cuando peque. Hay mucha gente que levanta muros de pecado contra Dios. ¿Por qué Dios no responde a sus oraciones? Usted no perdona a los que han pecado contra usted, y aún así se atreve a pedir, ¡“Padre, responde a mis oraciones”!

Hay una razón por la cual Dios no le responde. No hay respuesta porque hay un muro entre Dios y usted. Todo se cumple tal como la Palabra de Dios lo dice, “Te será hecho como creíste”. Si pedimos, Él nos dará. Si buscamos y llamamos, se nos abrirá. De esta manera se cumple la Palabra del Padre. Es simplemente que tiene algún pecado, y por esa razón, no puede recibir ninguna respuesta.

Todos éramos pecadores que teníamos que ir a parar al lago de fuego. Sin embargo, hemos sido justificados únicamente por la cruz de Jesucristo. Así que, si no podemos perdonar y en lugar de ello, odiamos, juzgamos y condenamos los pequeños errores de nuestros hermanos, ¡Se imaginan la verguenza que sentiremos ante Dios!

Santiago 2:13 dice,”Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia.” ¡Qué espantoso es esto! “! ¡La misericordia triunfa sobre el juicio!” si vemos una paja en el ojo de un hermano, quiere decir que tenemos un tronco en nuestro propio ojo.

Debemos mostrar misericordia a los que están enfermos, a los que viven en la pobreza, a los que han fracasado en el mundo, y a los que no son salvos. Por ejemplo, suponga que un hermano está atravesando por un momento de pobreza, ¿Qué haría usted? Si tan solo le dice, ¡“Que pena”! No está mostrando misericordia ante Dios. El tipo de misericordia que agrada a Dios es justamente dar de lo que uno tiene al hermano que está en necesidad. Algunos dicen que quieren ayudar pero que no tienen nada que dar.

Sin embargo, permítanme hacerles una pregunta. Si sus propios hijos estuvieran muy hambrientos, se quedarían tan sólo mirándolos diciendo, “No puedo hacer nada porque no tengo dinero.” Aun si no tuviera nada para comer mañana, les daría a sus hijos lo que tiene ahora. Debe hacer lo mismo por sus hermanos.

Cuando mostramos nuestra misericordia de esta manera, Dios también nos mostrará Su misericordia. Si no ayuda a su hermano y sólo dice, “Quisiera ayudarte, pero no puedo porque también soy pobre, ¡Sé que debes tener mucha hambre”! ¿Es esto misericordia acaso? ¿Les diría lo mismo a sus hijos si ellos tuvieran hambre? “Hijo, hija, deben tener mucha hambre porque no hay nada que comer. Pero no puedo darles nada porque no tengo dinero.” ¿Abra algún padre que diga esto? Probablemente tomaría la mitad de lo que tiene para comer y se lo daría a sus hijos. Un dicho dice que si tuvieras solo un frejol, lo compartirías.

Cuando mostramos nuestra misericordia de esta manera, también Dios nos mostrará Su misericordia. ¡Si actuamos de esta forma, Él estará muy complacido! En el cielo Él está escribiendo todo; y todas sus buenas obras serán para honra suya luego cuando vaya al cielo. El Padre estará feliz de usted, y usted será Su honra ante los demás. Todo será retribuido. Dios nos da conforme a lo que hacemos y sembramos no sólo en esta tierra sino también en el reino de los cielos. (Este mensaje pertenece al reverendo Jaerock Lee, Seúl, Corea)


miércoles, 19 de agosto de 2009

El tesoro de la paternidad de Dios

Introducción a la serie:

Paul Yongii Cho dice: “La gente da su dinero, entona cánticos, construye edificios y predica, pero no ora”.

George Barna dice: El 25% de las personas que asisten admiten que nunca oran.

Pues si los cristianos no oran, déjenme decirles quienes sí oran, los satanistas. En la revista Conquistadores ejemplar del 1998, hay un sinopsis de la preparación que hace solamente para el día de Halloween (día de las brujas). Y es así: 27 de septiembre, hay sesiones para los sacerdotes confesores, 4 de octubre se hacen amplios ritos, días 21 al 27 de octubre se hace reflexión disciplinada, 26 de octubre principia la celebración de Samhain, 27 de octubre es día de confesión, 28 de octubre se hacen ritos de “bendición”, 29 de octubre es el día de ordenación, 30 de octubre se hacen bautismos, 31 de octubre el año nuevo satánico, 1º de noviembre es el día de los “sellos”, los días 2 al 9 de noviembre se celebran las “bodas”.

Y nosotros ¿qué? No creo que muchos oren con tanta devoción, y mucho menos con tanto entendimiento de lo que hacen y por qué lo hacen. Claro que sabemos al revés y al derecho repetir el Padrenuestro, pero no es eso lo que Jesús quería de nosotros. El desea que sondeemos los tesoros, que “leamos entre los renglones” de este bosquejo. Sí, es un bosquejo que podemos usar cuando oramos. Es sólo un punto de partida a nuestra oración.

Durante las próximas siete noches estaré tratando un aspecto del Padrenuestro. Al terminar les aseguro que van a comprender un poco más de lo que Jesús nos quizo decir cuando dijo: Vosotros, pues, oraréis así:

El Sr. Tyndall escribió en su Biblia “Dios no nos enseñó a predicar; no nos enseñó a cantar; nos enseñó a orar”.

Nos enseñó a orar así: Padre nuestro que estás en los cielos. . .

El tesoro de la paternidad de Dios y nuestra ciudadanía celestial

Texto: Mateo 6:9

1. Dios nos da el privilegio de llamarle así (Juan 1:12-13)

A. Como Padre, preparó todo para el bienestar de sus hijos.

a. Desde antes de la fundación del mundo (1ª Pedro 1:17-20). Así como el padre se prepara cuando va a llegar un nuevo bebé a su hogar; así preparó Dios desde antes de la fundación del mundo el medio por el cual podríamos acercarnos a Él. . . Abba Padre (Romanos 8:15)

b. Provee un medio de reconciliación después de haberle defraudado (Génesis 3:15) Se cumple este plan en la crucifixión de Cristo. Vayamos pues hasta el lugar de la Calavera. Allí esta pendiente de un madero el Unigénito de Dios. No piense en el cuadro como lo pintan. Este Hijo de Dios fue vituperado de una forma atroz. Fue injusto el juicio que le hicieron. No había dormido, comido o bebido agua por más de un día. Fue azotado, y el látigo no era sólo de cuero, sino que tenía pedazos de hierro; así que al golpearlo, le quitaban la carne de sus espaldas. Lo bofetearon, por lo tanto estaba hinchado. La sacaron su barba a jalones, imagínese tal dolor. Le pusieron una corona de espinas en su frente; tenía la cara llena de sangre. Le quitaron su ropa, y no piense que le dejaron un lienzo para cubrir su vergüenza, no, estaba completamente desnudo. . . Imagínese el cuadro del Calvario. Esto costó el poder llamarle a Dios “Padre” y más que sólo Padre; le podemos llamar “Querido Papacito” (Abba Padre). Nos podemos acercar a Él con esa familiaridad como se acerca uno a un padre amoroso y tierno. Por eso, cuando ore y diga “Padre me acerco a ti”. . . lo hace por méritos de su Hijo. Padre nuestro. . .

B. Como Padre, nos ofrece un hogar.

a. Juan 14:2 nos da por sentado Jesús que hay muchas moradas en la casa de su Padre. Pero, lo más hermoso es que en esa casa no es echa de manos no habrá llanto, sufrir, pecado ni enfermedad. Sólo habrá paz y actividad sana y estaremos glorificando a Dios siempre. (Capítulo 21 de Apocalipsis). Padre nuestro. . .

2. Establece el círculo de la hermandad

A. Tenemos un hermano mayor (Romanos 8:29) que fue hasta la cruz por ti y por mí (Hebreos 2:11). No se avergüenza de nosotros (Marcos 3:34-35). Y este hermano mayor intercede por nosotros (Hebreos 7:25). Nos ama mucho más de lo que palabras pueden expresar. Padre NUESTRO. . .

B. Nos hace partícipes de la herencia del Hijo legítimo (Tito 3:7; Romanos 8:17; Gálatas 4:6-7; Hebreos 1:14; 6:17). Somos dueños de TODO. Todo lo que usted pueda imaginarse, de eso es dueño. ¡Somos hijos de un Rey!

Padre nuestro. . .que estas en los cielos. . .

3. Establece la localidad de su Reino

A. El Padre es ciudadano del cielo, nos hace ciudadanos del cielo (Salmo 11:4; Isaías 66:1; Hechos 7:49)

B. Si somos ciudadanos del cielo, tenemos los derechos de allí (Filipenses 3:20). Seremos reyes y sacerdotes (1ª Pedro 2:9) durante el milenio.

C. Si somos ciudadanos del cielo, tenemos las responsabilidades de allí (2ª Pedro 1:10-11). Guardemos nuestra ciudadanía, no sea que la perdamos. También es nuestra la responsabilidad de que no seamos tropiezo (2ª Corintios 3:2-3). Esto nos será fácil si dependemos de Dios para cumplir como embajadores de nuestra patria (Hebreos 12:1)

Padre nuestro que estás en los cielos. . . Por fe decimos ‘Padre’ y por amor decimos ‘nuestro’.

Ahora cuando comience su oración tendrá un conocimiento más profundo de lo que dice. Nunca más leerá igual este ejemplo de la oración que Jesús nos dejó. Aún nos quedan más tesoros del Padrenuestro. Estos dos son un buen principio, ¿verdad?

Oremos.

Para ver la gloria de Dios debes quitarte el velo

Para ver la gloria de Dios, debes quitarte el velo

Nos hallamos frente a un tiempo en que muchos mantienen las glorias pasadas como carta de presentación, y entonces echan un velo sobre éstas para que los demás no vean que las mismas han ido decreciendo hasta dejar de existir; son éstos quienes emplean los conocimientos humanos y mediante ellos pretenden engañar al pueblo de Dios tal como nos dice la Palabra que hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” 2 Pedro 2:1-3.

Es tiempo de que el pueblo de Dios adquiera madurez espiritual en el Señor, dejando de alimentarse solamente con leche para hacerlo ya con alimento sólido, pues todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 5:13-14; es tiempo en que sea el mismo pueblo de Dios quien discierna los espíritus que se mueven a su alrededor a fin de tomar distancia de aquellos que solo les llevarán a la perdición y alejamiento del Señor.

Es lamentable ver como preciosos siervos del Señor permanecen errantes o en congregaciones donde no se predica la sana doctrina, y mas lamentable es cuando vemos que lo hacen no por falta de conocimientos sino a consecuencia de que no permiten que sea el Espíritu Santo quien les redarguya e indique donde establecerse; no permiten que sea el Espíritu quien les guíe pues se sienten atraídos por las glorias aparentes que dan la antigüedad en la obra, el tamaño de la congregación, si la alabanza es bonita, o cuantas otras cosas irrelevantes, y sin darse cuenta, están desechando o postergando el ministerio o la obra de Dios en sus vidas.

Son éstos los que han dejado que su pensamiento, la mente y el corazón se cubra con un velo que les impide ver más allá, y está dado fundamentalmente por la falta de conversión verdadera al Señor; ese velo es el que les impide ver la gloria verdadera del Espíritu manifiesta en sus vidas, la gloria que les brinda la libertad en Cristo, y se ocupa de ocultar aquellas que ya han sido abolidas por el Señor a consecuencia de resultar obsoletas o por haberse desviado de la sana doctrina sus poseedores.

Frente a esta realidad existente en el pueblo de Dios, es que nos resulta necesario estar muy atentos a la voz y guía del Señor a fin de podernos quitar el velo que nos ciega para impedirnos ver la gloria verdadera de Cristo, y que es la que nos lleva a andar de gloria en gloria, de victoria en victoria, en la libertad que solo Jesús nos puede brindar; son éstos los que Irán de poder en poder; (y) Verán a Dios en Sion” Salmo 84:7.

Leamos la Palabra de Dios en 2 Corintios 3:11-17 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.

En estos tiempos, como siervos de Dios vemos cómo preciosos ministerios son desechados o postergados por aquellos a quienes el Señor se los entregara, a consecuencia de permanecer obnubilados por lo que un día vieron, o con su conocimiento embotado como dice la Palabra en lo literal de la Palabra escrita que les mantiene aún en el Antiguo Testamento, pero lejos del Espíritu que vino a derramar Jesucristo en el Nuevo Testamento; eso les impide su desarrollo espiritual y hacer la obra del Señor en plenitud, ya que nos dice la Escritura que “recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” Hechos 1:8.

Cuando Moisés descendió de hablar con Dios, su rostro resplandecía de tal manera que debió cubrirlo con un velo pues el pueblo no podía soportar tal resplandor, y ese velo permanece sobre el corazón de los judíos cuando leen la ley, eso les impide ver la gloria de Jesucristo; pero hay también un velo que cubre el corazón y la mente de aquellos que se quedaron soñando con el tiempo pasado, con la rigidez de la Ley que comenzaba a fenecer al tiempo que Jesús crecía para mostrar su gloria, ya que “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” Juan 1:14.

La gloria del viejo pacto era pasajera, poco a poco iba palideciendo tras el velo que cubría el rostro de Moisés; y no tan solo que se eclipsa frente a la gloria del evangelio, sino que llega a desaparecer ante la eternidad del nuevo pacto establecido por Dios y sellado con la sangre de Jesucristo.

Y cuanto creyentes han endurecido sus mentes por no comprender que toda la gloria del pasado es transitoria, pasajera como la manifestación de la gloria en el rostro de Moisés; cuantos hay que se niegan a reconocer que deben avanzar hacia los nuevos horizontes y servicios que el Señor les presenta; cuantos se niegan a avanzar aún conociendo la dirección que el Espíritu les marca, sabiendo que allí les espera la bendición y la culminación de la obra de Dios en sus vidas; sucede que un velo cubre su mente y corazón, el velo de la desobediencia y rebeldía.

“Y aun hasta el día de hoy, ….., el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” vs 15-16; es la remoción del velo producida por una verdadera conversión la que brinda la posibilidad de ver y disfrutar la gloria del Señor, es la vivencia del Señor en nuestro interior la que nos vivifica, 1 Corintios 15:45, llevándonos de gloria en gloria y de victoria en victoria pues solo llenos del Espíritu Santo obtendremos el poder necesario para cumplir con nuestra misión en Cristo en su plenitud, Hechos 1:7-8.

Es la conversión, humildad y obediencia la que te permitirá ver la gloria de Dios en tu caminar cristiano, tanto en tu vida terrenal como en tu ministerio o trabajo para el Señor; entonces “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” Colosenses 3:1-4; quita ahora el velo que te impide ser lleno del Espíritu Santo y del poder de Dios, recuerda que eres su templo, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Corintios 6:19, y que “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” para servirle como y donde Él te lleve para que puedas ver su gloria.

CONCLUSIÓN:

Moisés debió cubrir su rostro con un velo para que la gloria de Dios que reflejaba no hiciera daño al pueblo, y ese mismo velo es el que cubre los corazones de aquellos que se niegan a dejarse guiar por el Espíritu Santo hacia el lugar correcto, al sitio en donde serán bendecidos y desarrollarán el propósito para ellos establecido por el Señor.

La mente de muchos siervos y siervas del Señor se halla embotada detrás del velo que el enemigo extiende frente a sus ojos para hacerles creer que detrás se encuentra aún la gloria de Dios; Pablo nos dice que quitemos el velo, que dejemos de pensar en la gloria del pasado, ya que ésta, junto con la Ley, se ha agotado en cuanto a su utilidad para dar paso a la gloria manifiesta de nuestro Señor Jesucristo.

La gloria pasada debía ser velada por cuanto el pueblo no tenía capacidad para contemplarla, pero cuando Jesús murió, el velo fue rasgado de arriba abajo y la gloria de Dios se manifestó en plenitud de gracia y amor, y los cristianos pueden ahora ver la gloria sin velo, y esto es lo que les hace cambiar “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” Efesios 4:13-15.

Es tiempo de que los cristianos quitemos el velo de nuestro corazón y de nuestra mente para permitirnos ver a Jesús; es ahora cuando los creyentes debemos despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:1-2.

Ha llegado el tiempo en que los verdaderos hijos de Dios sean obedientes a los mandatos del Señor y dejen de esconderse tras el velo de lo que vieron en el pasado, del anhelo de pertenecer a una multitudinaria congregación, o desarrollar un ministerio solamente en donde haya cientos o miles; es tiempo que hagamos como Pablo, quien olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:13-14.

Es tiempo de quitarnos el velo para ver la verdadera gloria de Dios, caminando hacia nuestro ministerio en la guía del Espíritu Santo, y con nuestra mirada puesta en que “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” 2 Corintios 3:18.